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¿El intestino, es de verdad nuestro segundo cerebro? Porque si tu cuerpo no está bien, tu salud mental tampoco…

Aunque no lo creas sí y es que está compuesto por más de 100 millones de neuronas en el intestino delgado a las que podemos sumar las que se encuentran a nivel del esófago y estómago que dan  lugar a una comunicación bidireccional entre “los dos cerebros”.

Se comunican por diversas vías:

  •  La microbiota intestinal produce neurotransmisores (sustancias que modulan tu comportamiento), citoquinas (que envían señales pro y/o antiinflamatorias) y otros metabolitos relacionados con el estado de ánimo, inflamación y alteración del equilibrio del sistema inmune. Del mismo modo, condiciones de estrés y ansiedad prolongadas en el tiempo pueden influir negativamente en la salud de nuestra microbiota.
  • También entra en juego el nervio vago que conecta el tronco cerebral con casi todos los órganos esenciales, entre ellos el intestino. El nervio vago es el encargado de activar nuestros sistemas de alerta mediante la producción de cortisol (hormona del estrés) a través del llamado eje HPA (eje hipotalámico-pituitario-adrenal) que estimula nuestras suprarrenales para la secreción de hormonas del estrés. 
  • De igual forma, la microbiota tiene un papel fundamental en la organización del eje HPA durante las primeras fases de la vida y en nuestra respuesta al estrés en la vida adulta. De hecho, se ha observado que, las personas sometidas a trauma profundo o situaciones de estrés, hambre o déficit nutricional en las primeras etapas de la vida o inclusive en la vida intrauterina (dentro el vientre materno) pudieran tener una respuesta más exacerbada al estrés en la vida adulta por esta sensibilización del eje HPA.

La comunicación bidireccional entre el intestino y el cerebro.

Comunicaciones desde el intestino: citoquinas, mediadores de la inflamación, neurotransmisores. 

Comunicaciones desde el cerebro: reflejos antiinflamatorios (nervio vago), secreción de jugos gástricos y motilidad intestinal.  

 

Fuente: https://doi.org/10.1016/j.neures.2021.04.001

  • Al igual que existe una barrera intestinal que permite la absorción de nutrientes por el intestino hacia la sangre y el resto del cuerpo, existe también una barrera hematoencefálica (BHE) que permite la entrada al sistema nervioso de nutrientes y metabolitos. La barrera intestinal puede verse afectada y aumentar su permeabilidad permitiendo el paso de toxinas al resto del organismo. Se ha observado que, cuando existe disbiosis intestinal y un aumento de la permeabilidad del intestino (el famoso intestino permeable) a consecuencia también habrá un aumento de la permeabilidad de la BHE haciendo que sustancias tóxicas ingresen al sistema nervioso y produzcan alteraciones de la conducta. Este fenómeno ha sido muy bien descrito por ejemplo, en el caso del autismo y los trastornos del desarrollo en los primeros años de vida. 

Así el estrés crónico/inflamatorio puede alterar el sistema inmunológico y la inflamación crónica o intermitente estaría asociada al estrés crónico. 

Un auténtico círculo vicioso.

¿Alucinante verdad? Pues eso no es todo, sigue leyendo para explicarte mejor como está todo integrado. 

Inflamación e hiperpermeabilidad. Intestino permeble=Cerebro permeable. 

La microbiota intestinal tiene una función defensiva evitando que ciertas sustancias pasen a la sangre (función de barrera intestinal) y evitando que organismos patógenos se adhieran a la mucosa y causen enfermedades.  También participa activamente en el mantenimiento y regulación de tu inmunidad colaborando en el desarrollo del sistema inmune desde que nacemos  y produce sustancias anti y pro inflamatorias que regulan la inflamación sistémica. En este artículo puedes ver más información, sobre la microbiota y sus funciones. 

La pérdida de sus funciones puede empezar por la alteración de la barrera intestinal. Ésta barrera que antes se consideraba impermeable ahora es débil y permite a metabolitos de la microbiota, antígenos luminales (enemigos) y toxinas bacterianas (LPS) penetrar en la circulación sistémica y el sistema nervioso central (atraviesan la barrera hematoencefálica) desencadenando así una respuesta inmunitaria inflamatoria exagerada. 

Hiperpermeabilidad intestinal y cerebral. La permeabilidad intestinal aumentada a causa del estrés y/o otros factores puede llevar a la traslocación de bacterias y toxinas al sistema nervioso y al empeoramiento de la salud mental.

Por otro lado, los desequilibrios de la microbiota también resultan en afectación del sistema nervioso aumentando la permeabilidad intestinal/cerebral y empeorando el resultado del paciente.

Fuente: https://doi.org/10.1111/cns.13401

Ésto ya supone un problema de salud, pero además, la alteración de esta barrera desregula la liberación y eficacia de neurotransmisores  como la serotonina, dopamina y GABA, neurotransmisores producidos por la microbiota que tienen impacto directo sobre la salud mental. Todo esto está relacionado mayor incidencia de trastornos ansiosos, depresivos y también alteraciones del estado de ánimo y enfermedades inflamatorias. 

De esta forma, el eje intestino-cerebro podría ayudar a comprender y tratar los trastornos neuropsiquiátricos, especialmente la depresión (según evidencia).

¿CÓMO MEJORAMOS EL PROBLEMA?

Estilo de vida, microbiota y salud mental.

Ahora que ya sabes cómo interactúan intestino y cerebro te cuento que esta situación puede prevenirse o normalizarse a través de la modulación o la mejora de tu salud digestiva y tu microbiota intestinal.

Una dieta sana, variada, de temporada, rica en alimentos antiinflamatorios que permitan una buena salud de nuestra microbiota son clave, junto al buen funcionamiento del nervio vago, que nos ayudará a controlar la ansiedad, mejorar nuestro estado de ánimo, tratar las migrañas, las enfermedades crónicas inflamatorias, mejorar la calidad del sueño, controlar los niveles de azúcar de sangre o fortalecer el sistema inmunitario. 

A nuestra microbiota no le sientan bien azúcares, aceites refinados, sal en exceso, no se lleva bien con el estrés y necesita nutrirse de almidones y fermentados prebióticos y alimentos de calidad sobre todo aquellos ricos en polifenoles y fibra como la fruta y la verdura. También necesita un sistema inmune en óptimas condiciones, por lo que será importante garantizar el aporte de vitaminas liposolubles (A, D, E, K) y minerales (zinc, magnesio) que encuentras en alimentos como los fermentados, las carnes y  huevos de calidad, el hígado, y los productos del mar (los moluscos son muy ricos en zinc).

Puedes ver más sobre este tipo de alimentación aquí. 

Próximamente nos dedicaremos por completo a hablarte de estrategias para ayudarte a mejorar tu nervio vago.

Hablaremos también de los neurotransmisores, así como de los psicobióticos, si, probióticos específicos que podrían ayudar a tu salud mental y al mantenimiento de un eje intestino cerebro.

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Somos un #equipomultidisciplinar de nutricionistas, médicos y psicólogos expertos en salud digestiva, microbiota y manejo de la salud integral.

Con amor,

Gaby

Agradecimientos: artículo en colaboración con Inma Alcaide (estudiante de prácticas del #equiponutrigaby).

Referencias:

Misiak B, Łoniewski I, Marlicz W, Frydecka D, Szulc A, Rudzki L, Samochowiec J. The HPA axis dysregulation in severe mental illness: Can we shift the blame to gut microbiota? Prog Neuropsychopharmacol Biol Psychiatry. 2020 Aug 30;102:109951. doi: 10.1016/j.pnpbp.2020.109951. Epub 2020 Apr 23. PMID: 32335265.

Liua, Y., & Forsythe, P. (2021, 19 abril). Vagotomy and insights into the microbiota-gut-brain axis. ScienceDirect. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0168010221000754

Du Y, Gao XR, Peng L, Ge JF. Crosstalk between the microbiota-gut-brain axis and depression. Heliyon. 2020 Jun 3;6(6):e04097. doi: 10.1016/j.heliyon.2020.e04097. PMID: 32529075; PMCID: PMC7276434.

Evrensel A, Ceylan ME. The Gut-Brain Axis: The Missing Link in Depression. Clin Psychopharmacol Neurosci. 2015 Dec 31;13(3):239-44. doi: 10.9758/cpn.2015.13.3.239. PMID: 26598580; PMCID: PMC4662178.

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